jump to navigation

Ergo…. Mayo 11, 2008

Posted by adeavendetta in Cosas incomprensibles, Cosas mías.
24 comments

Tengo una amiga que cree en Dios. A veces viene a mi casa y come pizzas de bolsa calentadas en un horno eléctrico invento de esos herejes protestantes (mardita sea su sombra) y, aunque sé que le gustan más las pizzas al horno que los herejes en salsa, una vez se me ocurrió preguntarle cómo es capaz de creer en la existencia de Dios, porque la tengo por persona cabal y racional, además de maja y todo eso (que para eso es mi amiga). Ella me respondió con un “fluflufluflufgrgrgrgrgrfurfurufurufurufur es que yo tomo lo que está de acuerdo con lo que yo pienso” (o sea, que primero piensa, decide lo que quiere pensar, y luego cree si no entendí mal, lo cual me hace plantearme qué sentido tiene creer si ya antes has pensado sin necesidad de creer, pero eso complicaría mucho el debate), a lo que yo le respondí que eso demostraba el carácter irracional y dogmático de la creencia religiosa. Luego yo me comí un bocata griego preparado por herejes griegos, pero me dio igual porque estaba muy bueno. El caso es que después seguí leyendo el libro El espejismo de Dios de Richard Dawkins, y he llegado a las siguientes conclusiones:

Que el método científico no pueda explicar determinados fenómenos “paranormales” (la resurrección de los muertos, la multiplicación de los panes y los peces, la levitación sobre las aguas, el don de lenguas, o la división de las aguas del mar para dejar pasar a los buenos y cerrarse para que se jodan los malos) es prueba irrefutable de la existencia de Dios. Todo lo que no se puede explicar, es atribuible a Dios o el Diablo (según). Da lo mismo que con el paso de los siglos se haya demostrado que las visiones, revelaciones, y demás ataques de fe tenían probablemente un origen neurológico y que los susodichos tenían el lóbulo (el izquierdo, el derecho, o los dos) un poco estropeado.

Que miles de hombres, mujeres y niños hayan sido descuartizados, quemados vivos, arrojados por barrancos, decapitados, asesinados al nacer y otras menudencias por cosas que de forma irrefutable prueban que son hijos del Demonio, como por ejemplo ser víctima de ataques epilépticos, ser pelirrojos, tener un cáncer de piel, sufrir de alguna psicopatía esquizoide, o similar, es simplemente una prueba más (igualmente irrefutable) de la existencia de Dios.

Que yo, ser humano limitadito de pensamiento y cualidades modestas, sea en ocasiones incapaz de comprender el funcionamiento de nuestro maravilloso universo (o universos) porque (a) no tengo los conocimientos suficientes, o (b) los conocimientos actuales no están lo suficientemente desarrollados para llegar a explicar estos fenómenos con las teorías existentes, es prueba irrefutable de la existencia de Dios. Por lo tanto, los conductores de partículas, cuya comprensión se me escapa, son Dios. Y el sensor de mi Fuji S5 también. También los aviones, mi microondas, las ondas catódicas, y mi iPod y su misteriosa forma de conectar con el iTunes. Ego illa non intellego, ergo Deus sunt. Vamos, de cajón. Además, dado que Dios se transforma en galletas y copas de vino en algunas situaciones concretas cuando un señor con falda dice que las galletas y el vino ya no son galletas y vino sino que son el cuerpo y la sangre de Dios, cabe deducir que además de experto transformista, Dios es comestible.

Que Dios únicamente haya intervenido en la historia de la humanidad en épocas en las que el conocimiento científico y el racionalismo no eran predominantes es irrelevante. Dios interviene cuando le sale de las narices, que para eso es Dios y no María Teresa Fernández de la Vega. Es más: Dios puede suspender las leyes universales de la física cuando le dé la gana, pero sólo cuando se trata de favorecer a los suyos (pregunta para creyentes: el 11-M, ¿Dios estaba dentro de las mochilas, o en los asientos de los trenes? Es que no me queda claro. Lo mismo para el 11-S, Auschwitz, y otras menudencias de la historia de la humanidad).

Que a lo largo de la historia multitud de pueblos y personas diferentes hayan afirmado recibir “revelaciones” de “Dios” que además se contradicen entre sí a todas horas porque uno no sabe si Dios son uno, tres, 200 o 3-en-1 y que no hacen más que decir “caca-culo-pedo-pis” de las demás es prueba irrefutable de la existencia de Dios, que simplemente quiere poner a prueba a los humanos para que, tan listillos como se creen que son, aprendan a discernir la revelación Verdadera de las que no lo son. Y oye, si por el camino hay matanzas, genocidios, mutilaciones, decapitaciones, asesinatos en masa, guerras y otras tontadas, es para que aprendamos a sufrir un poco, que es que somos unos consentidos de mierda.

Que Dios se comporte simultáneamente como un ser cariñoso con “los suyos” y como un auténtico hijo de puta psicópata de película de terror con “los otros” no es más que una señal de su Omnipotencia Divina. Es decir: Dios hace lo que le sale de los cojones (porque si habéis seguido la explicación hasta aquí, está claro que ovarios lo que se dice ovarios, Dios no tiene).

En fin, que si habéis llegado hasta aquí, cacho herejes, más os vale reconsiderar vuestra falta de fe. O eso, o leer el libro de Dawkins. Y que no se me enfade nadie (tú tampoco, E., tú tampoco), que hay pizzas para todos.

Anoche Abril 17, 2008

Posted by adeavendetta in Cosas incomprensibles, Cosas mías, Er bollodrama.
12 comments

Anoche me cabreé mucho-mucho y escribí un post que luego borré en el que decía muchas verdades, pero como siempre que he escrito algo tan visceral ha habido gente que se ha dado por aludida (¿por qué será?) lo borré y aquí paz y después gloria. Lo cierto es que una parte de mí está un poco enfadada y muy triste por mi salud. Los tres años pasados han sido tan duros que a veces he pensado cuánto puede aguantar un ser humano sin romperse, y mi cuerpo lo está pagando muy caro. Hoy voy a ir al médico a pedir unas pruebas, pero sé que en situaciones de estrés extremo (y yo llevaba extremadamente estresada ni sé cuánto tiempo) es siempre mi cuerpo el que termina pagando las cosas. Sí, claro, ha habido momentos muy buenos y gente que ha estado ahí siempre, para todo. Mi chico-sol, la Arriera, y más gente. Pero también hubo quien consideró que su salud, su trabajo, su bienestar y su tiempo eran infinitamente más importantes que los míos, y yo no supe interpretar eso a tiempo como la verdadera falta de interés que era. Que no, Ave, que pasan de ti. Que si hubieran querido ya estarían aquí; ya habrían cogido un coche, un bus, un algo (que no vives en el desierto). Que si hubiera sido “amor” no te habrían gritado día y noche, ni te habrían dejado arrinconada en la hora que va desde las diez menos cinco a las diez para una breve conversación por messenger, ni habrían consentido que fueras tú la única que el viernes se subía a las 11 de la mañana a un autobús y se baja en la otra punta a las 7, cuando tenías dos trabajos que mantener, un curso que completar, y todo eso. Los disgustos no salen gratis, y aunque algunos no sean previsibles (la muerte de mi padre) todos los demás podrían haberse evitado si yo no hubiera sido tan gilipollas y hubiera pensado un poco en mí. “No, no voy, estoy agotada y realmente coger el autobús me mata esta semana, si quieres verme, ven tú”. ¿Suena fácil, verdad? Ays. Así que eso, en realidad desearle mal no le deseo mal a nadie, pero me jode que mi cuerpo esté pagando ahora el egoísmo de los demás y la imbecilidad propia. Creo que fui demasiado generosa con gente que no se lo merecía y que afortunadamente ya no está en mi vida.

A pesar de todo, ahora sí que estoy contenta. Me entristece mucho el tema salud, la enorme y repentina ganancia de peso, las siestas de dos horas que a veces tengo que echarme porque me caigo de sueño, todo eso. Pero como no me gusta quejarme porque sí y sin poner remedio, este sábado empiezo mis clases de kárate y mañana acudiré al gimnasio otra vez. Me da igual empezar de nuevo en cinturón blanco: tengo mucho tiempo por delante. Y si tengo que tomar medicinas de lo que sea, pues se toman y ya está. Ahora que he conseguido reducir el estrés a niveles moderados, seguro que empiezo a recuperarme.

De compras Abril 15, 2008

Posted by adeavendetta in Cosas mías, Er bollodrama.
6 comments

He aquí mi triste situación: si lavo el pantalón que llevo puesto, no puedo salir de casa a comprar dos pantalones que necesito porque solamente tengo uno que me vale. O sea: o voy a comprar con el pantalón un poco guarrete, o voy a comprar desnuda de cintura para abajo. Otra opción, naturalmente, es ir a comprar en pijama y dejar que me encierren en un psiquiátrico. Por ejemplo. ¿Se os ocurre alguna más?

No puedes ir a ver a dios con treintaiocho de fiebre Septiembre 28, 2007

Posted by adeavendetta in Cosas mías.
4 comments

Ayer mis anginas asustaron al médico de urgencias. ¡Buh, buh, buh! Luego me dio unos sobres que me he tomado religiosamente cada tres horas con analgésicos y ya no tengo fiebre. Mejor, claro. Porque mañana tengo cita con dios y habría estado fatal que hubiera ido a verlo con treinteiocho de fiebre.

Amerika, Amerika Septiembre 26, 2007

Posted by adeavendetta in Cosas mías.
9 comments

Hoy, no sé por qué, me he despertado pensando en mis años americanos. Siete, para ser exactos, con una breve interrupción de apenas seis meses que pasé en España para ver si aquí me iban bien las cosas hasta que me aburrí de que me ofrecieran trabajos de mierda y decidí volver. Siete años (1998-2005) que ahora recuerdo como una especie de neblina, casi casi como si no hubieran existido. Naturalmente, yo sé que han existido y que yo he pasado por ellos, o ellos han pasado por mí. Lo demuestran unos cuantos títulos, lo demuestro cada vez que abro la boca para hablar y me confuden con alguien “de allí”, y lo demuestra también la sensación del casi-desarraigo que siempre me acompaña. Mi gente se río cuando les confieso que mi horario de comidas es anglosajón (desayuno, comida a la una, cena a las siete y media) y se ríen todavía más cuando tengo que alterarlo y hacer españoladas como por ejemplo comer a las cinco o cenar a las 12. Ayer cuando llamé a la escuela oficial de idiomas para saber cuándo podía ir a recoger mi título, la señora de la oficina se empeñó en decirme las notas y me dijo “chica, eres divina”. Y yo pensando: “divina no, señora, divina no. Anglo“. Comiendo a la 1 y cenando a las siete y media, ¿cómo no voy a sacar dieces y nueves y veintes en esos exámenes? Cuando llegué allí por primera vez, no había nadie esperándome. Tenía dos maletas y la dirección de la universidad apuntada en una agenda; dormiría allí una semana, que fueron solo dos días porque encontré una habitación económica el primer día. Para entonces yo ya había vivido fuera de mi casa cuatro años, pero aún recuerdo la sensación esa de estar viviendo casi casi como si mi vida fuera una película: salir del aeropuerto y ver los carteles verdes de la autopista, por ejemplo, y aquellos coches tan grandes, es una sensación irreal. Después vinieron las primeras clases, los primeros trabajos de clase (yo nunca había escrito un trabajo de clase en España), el primer trabajo empujando carros de libros en la biblioteca, el primer “quédate a terminar aquí”, mis muelas del juicio inflamadas, mi primera visita a un hospital allí y la primera clavada de cuartos, el segundo trabajo catalogando libros, la primera graduación… Así que sí: a veces miro para atrás y no me parezco yo. O sí, pero no. Yo me entiendo. Y es una sensación extraña porque sé que de no haber sido por esos siete años y pico, yo no estaría donde estoy ahora (aterricé “aquí” por algo relacionado con “allí”), ni ahora podría dedicarme a lo que me dedico. No conozco ninguna palabra en castellano que describa esa sensación, tampoco en inglés; en árabe se dice “ghurbah”, que significa a la vez “extrañamiento” (de algo, de alguien, o de uno mismo) y una especie de “exilio” (aunque estés viviendo en tu propio país: la “ghurbah” va siempre por dentro). Por eso, cuando alguien me pregunta “pero tú, ¿de dónde eres?” me quedo siempre descolocada y no sé qué responder porque me parece de mala educación contar mi vida (pues primero esto y luego lo otro y luego lo de más allá), pero tampoco me parece estar contando la verdad si digo simplemente “Soy del sitio donde nací”. Ahora la vida es ya otra película, pero no me importa. Me voy a quedar a verla igual…
* nota a los señores de “Público”: lo de “no es un diario más: es el tuyo” estaría chachipirulidelparaguayquetemueres… si hubiera podido comprarlo. Certifico que intentar encontrar un ejemplar del periódico ha sido aún más imposible que localizar un ejemplar de los de El Jueves secuestrado. Misión imposible. Normal, claro: a la kioskera de abajo le han mandado cinco. Cinco. Claro, luego dirán que “grandísimo éxito” y que se ha agotado nada más salir y que pititín patatán y pitos y flautas.  Pues iros al pedo, hala. Ya mañana no lo pienso comprar, que hoy era sólo por la novedad (y además, me he vestido expresamente para ello). 

Septiembre 9, 2007

Posted by adeavendetta in Cosas mías.
7 comments

el futuro se intenta.

Todo es casualidad Septiembre 7, 2007

Posted by adeavendetta in Cosas mías.
6 comments

Hay casualidades grandes, y casualidades chicas. La muerte, las pieles en la oscuridad, dos centímetros de menos o de más. Todo, todo, es casualidad.

Sólo que hay que estar ahí. Para morir, o para temblar.  

Septiembre 6, 2007

Posted by adeavendetta in Cosas mías.
1 comment so far

Cuandos los síes suenan a futuro…

 Sí. Yes. Ja. Oui. Bai. Nam. Ken. Evet. Da.  

No conozco ningún idioma donde esa palabra no exista.

Septiembre 5, 2007

Posted by adeavendetta in Cosas mías.
4 comments

De traducir, duelen un poco las pestañas de traducir. Pero sólo un poco.

Anoche escuché una frase 10 en un momento 11, pero como no es mía, me la guardo (y además, es intraducible)

Septiembre 4, 2007

Posted by adeavendetta in Cosas mías.
4 comments

Ahora traduzco un libro de sumerios, asirios, egipcios y romanos… Estoy en la parte del diluvio universal, y resulta que me da pena pensar en toda la gente y hasta las gallinas ahogadas (pobres). Pronto llegaré a los capítulos de las primeras guerras, y me dará todavía más pena ver cómo los humanos ya eran tontos desde el principio de los tiempos.

Bueno, todos no. Algunos eran listos y prefirieron quererse.