La gran mentira del Web 2.0 Agosto 2, 2008
Posted by adeavendetta in Uncategorized.13 comments
“Revolution is not a one-time event” (Audre Lorde)
En un libro absolutamente maravilloso titulado Domination and the Arts of Resistance: Hidden Transcripts - que no ha sido traducido al castellano, cosa que no es de extrañar en un país donde se traduce poco, la mayoría de las veces con mal criterio editorial y casi siempre a destiempo - el politólogo James C. Scott (autor del célebre Weapons of the weak, uno de los mejores estudios de campo dentro de los llamados “estudios subalternos”) analizó la naturaleza del discurso y las relaciones que mantienen en público dominadores y oprimidos; basándose en un análisis propio de la teoría gramsciana de la hegemonía, Scott nos habla de lo que él llama “hidden transcripts”, que él interpreta como la vía que los oprimidos, los excluidos y marginados utilizan para criticar al poder, oponerse a él y, sobre todo, para sobrevivir a sus excesos. Muchos de sus ejemplos en este libro están extraídos de un estudio histórico de la experiencia de los esclavos en la América esclavista e incluso de celebraciones como las festividades paganas del carnaval. Su libro es un recorrido maravilloso por canciones, mitos y prácticas como el contrabando, la caza furtiva, o la práctica del servilismo que los esclavos demostraban en público hacia el Amo (algo así como la Mami de Scarlett O’Hara) contrapuesta a los actos de crítica, rebeldía y burla que los esclavos realizaban en la relativa privacidad de sus barracones, cuando nadie les veía. Por poner un ejemplo más cercano, quienes conozcáis la capoeira sabréis que los orígenes de este arte marcial africano se remontan precisamente a la vida de los esclavos del Brasil, que trajeron sus técnicas de lucha desde África para, en vista de la oposición de sus amos, seguir practicando el combate pero disfrazado de “baile” y “celebración”. La capoeira es un ejemplo perfecto de “discurso oculto”, de práctica de resistencia que pasaba indetectable bajo el radar del amo y permitía garantizar cierto nivel de supervivencia. Lo que Scott nos dice en este libro es que en muchos contextos los oprimidos se comportan en público con un nivel de deferencia hacia al poder que podría llegar a ser confundido con la falsa aquiescencia, pero que si realmente queremos conocer cómo se articulan los mecanismos de resistencia ante el poder, es necesario prestar atención no sólo al discurso público, sino también a lo que ocurre entre bambalinas. Scott desarrolló esta teoría aún más en un libro de 1998, titulado Seeing Like a State: How Certain Schemes to Improve the Human Condition Have Failed.
Me he acordado de este libro de Scott (para mí absolutamente esencial, junto con el resto de estudios del grupo subalterno de académicos hindúes como Gayatri Chakravorty Spivak - más conocida por un artículo absolutamente imprescindible, muy largo y teórico, titulado “Can The Subaltern Speak?”) porque hace bastante tiempo que vengo pensando en el peligro que encierra la proliferación de las llamadas “redes sociales”, dentro del desarrollo de la llamada Web 2.0. Influye también en esto el hecho de que estoy bastante harta de recibir invitaciones de gente para que me una a las redes sociales más diversas: desde Facebook, hasta hi5 o cualquier otra red que podáis imaginar y de la que, naturalmente, me niego rotundamente a formar parte (por no hablar de la asquerosidad pierdetiempo del famoso Twitter y otras bobadas del mundo del tontotainment que quieren meternos por las orejas). Leía hace poco que tanto el FBI como la CIA han incluido hace tiempo el uso de las redes web 2.0 en su rutina investigadora para, entre otras cosas, vigilar las actividades “antigubernamentales” del personal. Naturalmente, el buenorrollismo inducido y la incultura generalizadas favorecen la explosión de redes sociales cuya función aparente (o así se nos quiere vender) va desde el típico “hacer amigos” hasta el más aparentemente serio “promocionarse profesionalmente” (Linkedin es un buen ejemplo). Aparentemente, todo bastante inocuo (si consideramos “inocuo” perder horas, días y semanas en intentar conectar con miles de desconocidos a los que no nos une absolutamente nada más que un falso y capitalizado sentido de la “pertenencia” a una comunidad más artificial que, pongamos por caso, la Iglesia del pastafarismo).
Yo no sé si la gente se para a pensar o no en lo grave que es para nuestras libertades el hecho de que, gracias a internet, cualquier persona que conozca nuestro nombre y apellidos puede saber prácticamente todo lo que importa acerca de nosotros: dónde estudiamos, dónde nacimos, si nos hemos presentado a alguna oposición, si hemos recibido algún premio, qué declaraciones o manifiestos hemos firmado, la música que nos gusta, los idiomas que hablamos, los sitios por los que navegamos, y así un largo etcétera de cosas “personales”. Supongamos que, al estilo de lo que ocurre en V de Vendetta, mañana tenemos a las puertas de casa un gobierno ultrafascista dispuesto a eliminar la disidencia y a imponer un Estado absolutamente hegemónico (volviendo a Scott, en su obra distingue entre una hegemonía “gruesa” y “fina”, thick and thin; aunque parte de ella, no parece convenecerle la idea gramsciana de que la hegemonía pueda llegar a ser absoluta, porque siempre hay grietas en el sistema y la resitencia es posible). La realidad es que bastaría un toque de ratón para que mediante la reunión de IPs el gobierno se presentara en la puerta de nuestras casas y nos llevara donde le diera la gana. No estamos muy lejos de ello, conste: el control que se ejerce sobre internet, disfrzado de “protección de derechos de la propiedad intelectual”, es absolutamente espeluznante y preocupante.
Hace algún tiempo, la propia CIA anunció que estaba preparando su propio proyecto Web 2.0 de seguridad nacional al estilo de la Wikipedia: la llamada Intellipedia. Básicamente, se trata de sacar el máximo partido a las redes 2.0 en la tarea de adoctrinar, obtener información, vigilar y, llegado el momento, actuar (es decir, lo que ha hecho siempre la CIA: detener a quien disienta, asesinar, torturar, masacrar, instaurar genocidas y dictadores, provocar masacres y otras tontadas por el estilo). A veces, como en el caso de esta trabajadora de la CIA que utilizó uno de los blogs internos para criticar la técnica del “waterboarding” (una forma de tortura), la cosa sale mal: la muchacha habla demasiado y hay que despedirla. Y aquí es donde las teorías de Scott entran en juego: el sistema no puede, por mucho que quiera, ser absolutamente hegemónico e impermeable a la crítica. Pero en este punto vuelvo siempre a la misma frase de Audre Lorde: ¿se puede desmantelar la casa del amo con las herramientas del amo? Mi respuesta es la de siempre: lo dudo.
Naturalmente, diréis, la culpa no es de la tecnología: el concepto de Web 2.0 puede utilizarse de mil maneras diferentes, y no te pongas agorera Ave hija mía, que tampoco es para tanto si nos creamos una cuenta en Linkedin, hi5, Digg, Facebook o similar para formar parte de una red (porque somos aparentemente tan inútiles y estamos tan socialmente impedidos y emocionalmente tullidos que no podemos hacer amigos en el mundo real, como hacíamos hace 10 años). En realidad, ahora estoy firmemente convencida de que el único propósito real que cumplen las llamadas “redes sociales” (aunque supongo que su nombre más correcto sería justo el opuesto, es decir, redes antisociales) es el de atomizar, desestructurar y en última instancia romper los vínculos de solidaridad real que existían sobre el terreno. Mediante la creación de supuesta afinidades basados en conceptos absolutamente materialistas como “los restaurantes que me gustan” o “la música que escucho”, los únicos beneficiados con esta explosión de antisocialismo son los detentadores del capital: los dueños del cotarro, vamos, que son quienes construyen sitios, nos venden publicidad en sus propias páginas y nos dicen que nos pagarán por ello (en realidad nos dan las migajas) y recubren todo ello con una pátina de buenrrollismo que impide la adopción de cualquier posición crítica, enrabieteada o cojonera, so pena de ser expulsado de esa gran comunidad global de buenrrollistas bajo la excusa de que “ayquevermaricómotepones”. No nos engañemos: el mundo en el que vivimos tiene de democrático lo que yo de monja capuchina. Lo cierto es que nosotros, pobres peleles, intentamos a duras penas sobrevivir enmierdados en una dinámica en la que no controlamos absolutamente nada, y el que diga lo contrario sólo puede decirlo porque o no quiere saber, o es de los que tienen un trozo grande de la tarta.
Hasta ahora, y aparte de mi blog, únicamente participo en dos de estas redes de forma bastante inocua. Una es mi cuenta de flickr, otra un sitio que utilizo como tarjetero personal. Después de reflexionar largo y tendido sobre esta cuestión, me planteo la necesidad (imperiosa ya) de borrar mis cuentas en ambas redes y de empezar a predicar con el ejemplo. Es obligatorio crear nuevos espacios de resistencia, pero esos espacios no se encuentran en la casa del amo. Disimular, cuasidisolverse hasta casi desaparecer, volverse transparente para que no nos vean, no nos huelan, no no sientan. Para que, cuando les golpeemos, no nos vean venir.
Exactamente igual que lo que ellos hacen con nosotros.
Recomendación Agosto 2, 2008
Posted by adeavendetta in Uncategorized.add a comment
Dentro de la mediocridad almibarada y la ñoñipostez ombliguística, da gusto encontrar cosas como ésta: Negra cubana tenía que ser.