jump to navigation

Esto sí que es vida Abril 24, 2008

Posted by adeavendetta in Uncategorized.
1 comment so far

“Y ahoraaaaaaaaaaa con el compañerooooooooooo patadas a la espinilla”.

¿Lo cuálo? Pues eso. Así como para practicar y hacernos mujeronas y machotes duros duros como el turrón de almendras hemos estao dale que te pego a la espinilla, en los brazos, al pecho… Vamos, que ahora mismo estoy moderadamente magullada por no decir mucho. Pero oigan, esto sí que es vida. De hecho no sé cómo he podido sobrevivir estos 31 años de mi vida sin que me pegaran tantas patadas en la espinilla en un solo día.

* vale, eran “suaves”, pero el concepto de “suave” y “espinilla” sencillamente no casa. Una patada en la espinilla se clasifica de dos maneras: (1) patadas que duelen que te cagas, o (2) patadas de “mcagüentusmuelas como me vuelvas a dar te saco los ojos y te los pongo a cocer al baño maría, cacho cabrón”. Las de hoy han sido las de la primera categoría.

The river of no return Abril 24, 2008

Posted by adeavendetta in Uncategorized.
4 comments

No pasa un día de mi vida en el que no piense en mi padre. Pienso en el rayo que me atravesó cuando me dieron la noticia. En la primera persona que me abrazó a los pocos segundos. En la primera persona a la que avisé, que no esperaba un mensaje mío, mucho menos ese. En la segunda. La tercera. En todo lo que vino después. En el último día que le vi con vida, yo con lágrimas en los ojos y él también sin saber los dos que llorábamos por la que se nos venía encima (sobre todo a él, a mí se me vinieron seguidas, a hostiazos, a golpes, y sin compasión). Cuando pienso en aquellos días y en el tiempo que vino después, se me viene encima la misma tristeza que me agarra por dentro cuando escucho a Marilyn cantar “The river of no return”, con ese sentimiento de tristeza y de sola que sólo una sola como ella podía conocer. Y entonces lloro. Lloro por Marilyn, por el río, por mi padre, por lo que ya nunca va a volver. Es sólo que mañana es 25, y yo todos los veinticincos me divido el corazón en dos y me hago dos cachos, uno triste por él, y otro feliz por mí. Es decir, que todos los veinticincos soy una triste feliz.

p.s. una pieza increíble para acompañar. De C. Debussy, su maravillosa sonata para cello.