Holanda Marzo 30, 2008
Posted by adeavendetta in Uncategorized.4 comments
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Amsterdam es una ciudad con mucha personalidad. En algunas cosas, como por ejemplo la profusión de sus bicicletas asesinas, es curiosa y admirable a la par que peligrosa (las bicis no paran, y entre las bicis, el tranvía y los coches creo que me jugué la vida en más de una ocasión). Cómo explicarlo: prefiero las bicicletas cuando están atadas a una farola.

Hicimos un paseo en barco de esos para turistas, pero como teníamos muy poquito tiempo estuvo genial porque nos fueron explicando muchas cosas en la hora de viaje por los canales.

Aunque como ciudad con canales Venecia me sigue pareciendo infinitamente más bella que Amsterdam, es muy interesante ver el ambiente de la ciudad (el cutrerío del barrio rojo, los escaparates llenos de adolescentes, el olor a porrillo por la calle….) Es impresionante el parking de bicicletas de la estación central, o ver cómo la gente va en bici mientras llueve, con niños delante, el paraguas en una mano y si te descuidas, el móvil en la otra. Esta gente parece que ha nacido con la bici entre las piernas….

Pero la parte más interesante de la visita ha sido otra muy distinta, que no habríamos podido conocer de haber visitado Holanda como turistas.

Hemos ido a ver invernaderos de flores y puedo decir que pocas cosas me han impresionado tantísimo en mi vida. Hectáreas y más hectáreas de cultivo altamente tecnificado, con unas inversiones de dinero de millones y millones de euros. La visión de los invernaderos por dentro es impresionante, pero verlo en funcionamiento explica por qué un país bien organizado, donde la gente ha aprendido a compartir conocimientos y recursos aún en un entorno muy competitivo, está donde está (no como otros). Es raro encontrar un holandés que no sepa desenvolverse al menos en 3 o 4 idiomas, aún cuando no hablen más que el propio a la perfección. Los agricultores hablan holandés e inglés sin problemas, y aunque son gente del campo no tienen nada que ver con la figura del agricultor español.

Como ocurre prácticamente en toda Europa, el principal problema que tienen allí los agricultores es encontrar mano de obra suficiente y cualificada para realizar los trabajos necesarios para el cultivo de flores y bulbos. Estos trabajadores eran de Europa del Este. Trabajan en invernaderos de cristal a temperaturas que oscilan entre los 15 y los 20 grados, de modo que físicamente su trabajo es mucho menos exigente que el trabajo de invernadero en muchos lugares de España. Tampoco cobran mal: unos 20 euros la hora en este caso, un invernadero de cultivo de lilium. A pesar de ser un tipo de agricultura muy tecnificada, existen trabajos que sigue siendo necesario realizar a mano, como la plantación de los bulbos, que ha de realizarse uno a uno, bien de rodillas bien sentados sobre unas pequeñas plataformas que se van deslizando sobre la tierra.

Estos son bulbos de flores.

Los bulbos se plantan manualmente. Con una pequeña paleta hacen un agujero en la tierra y se introduce el bulbo. En esta partida había dos chicas y cinco chicos, europeos del Este. No recuerdo cuántos bulbos nos dijeron que se podían poner por trabajador y hora, a ver si luego lo pregunto.

Este trabajador plantaba otra cosa (creo que ya brotes) también manualmente, sentado sobre una plataforma (se movía hacia atrás).

Luego crecen…..

… en los invernaderos…

Las flores se recogen manualmente, una por una.

… y salen flores así. Solamente de tulipanes resulta que existen más de 450 variedades distintas. Luego, claro, hay cientos y cientos y más cientos de todo tipo de flores y variedades distintas de lilium, cala, gladiolo….. bufff….. de impresión.

Estas flores están en los jardines Keukenhof, que solamente abre dos meses al año. Por desgracia, ese día llovía a mares y no pudimos disfrutar del jardín al cien por cien, pero aún así es espectacular ver una variedad tan grande de flores, tantos colores, y tanta delicadeza reunida en un único lugar.
Lo que está claro es que el cultivo de flores es una industria más, en la que todo está perfectamente medido y calculado hasta el más mínimo detalle. La flor es un producto muy delicado y con unos márgenes de error muy pequeños: un grado de temperatura de más, un error de cálculo, plantar demasiado profundo o una partida de bulbos enfermos puede suponer grandes pérdidas para el agricultor. A mí siempre me han apasionado las flores, pero creo que después de esta visita y de conocer todo el proceso que va desde el cultivo del bulbo hasta que la flor llega al mercado, nunca voy a verlas igual…
Y con esto y un bizcocho, tuvimos que volvernos a la no tan cruda realidad. Pero también en el aeropuerto pueden hacerse fotos. Jejeje.
